Por: Lilia Solano
Al mundo entero tomó por sorpresa el aparentemente y repentino colapso del socialismo en las últimas semanas de 1989. Como sucede con las cosas repentinas no hubo la posibilidad de visualizar en ese momento las consecuencias de la desintegración del Este Europeo. Países en medio de la fuerte crisis pensaron que una salida posible era adoptar el modelo de la economía de libre comercio que, a la postre, ha sido incapaz de generar el orden económico mundial y las nuevas instituciones sociales prometidos.
Hasta Rusia se entrego a las formas más salvajes del capitalismo primitivo y, algo impensable en la historia se dio como resultado y es que el comunismo salvó al capitalismo y le proporciona el escenario para transformarse y perdurar; desconociendo los horrores políticos, ideológicos y bélicos con sus estragos para la humanidad.
Mucho se ha escrito en los últimos tiempos sobre el resultante proceso de la globalización, especialmente sobre la globalización económica, que combina varios elementos. En primera instancia es la expresión contemporánea de una tendencia histórica que crea un sistema económico mundial a través de la internacionalización de algunos de los mercados y la transnacionalización de empresas. La globalización de los mercados ha sido acelerada en las últimas décadas en especial por el desarrollo de la tecnología, especialmente en el campo de la comunicación. Muchos países alrededor del mundo comenzaron a adoptar el modelo de la globalización con la expectativa de poder participar de la “prosperidad mundial”. Detrás de este sueño de mejorar el ingreso y la riqueza estaban las promesas de que una vez se incrementara la productividad de los trabajadores que había originado prosperidad en los países industrializados, el fenómeno se repetiría para el resto de la humanidad.
En segundo lugar, la globalización ha sido a la postre el marco en el que se desarrolla una competencia sin límites entre las potencias económicas y los bloques comerciales. Un ejemplo de esto son acuerdos multilaterales como
Plan Iniciativa de las Américas: La globalización llega a nuestra casa
En lo que respecta a nosotros en América Latina, hemos de tomar en cuenta el poder acumulado por el Estado norteamericano y sus transnacionales en su preocupación por consolidar con mayor fuerza su predominio en lo que consideran su terreno de influencia. Bajo esta agenda Washington lanzó su Iniciativa de las Américas, pues la agudización de la competencia con las potencias europeas y asiáticas por la hegemonía global le exige consolidar la hegemonía económica y política estadounidense en el continente americano. Esta iniciativa le permite garantizar el control y el acceso privilegiado a ese pobre pero inmenso mercado y especialmente a sus recursos naturales, que aporta a su vez mano de obra barata en la competencia mundial y posiciona al mercado norteamericano garantizando también su influencia total en lo militar y en lo político.
El primer paso hacia
El TLC fue negociado en los términos que vienen adoptándose en los distintos acuerdos económicos regionales y mundiales:
· Bajo el liderazgo de las transnacionales y sus intereses particulares, así como a tono con los intereses de las grandes potencias y desconociendo en su totalidad las necesidades reales de desarrollo de las naciones involucradas.
· Sin consulta y participación real de la sociedad civil, en una forma completamente antidemocrática.
· Desconociendo completamente lo que ha dado en llamarse la agenda social, que equivaldría a la inclusión de la protección de las necesidades y reivindicaciones sociales bajo los efectos de la apertura y la integración.
El papel de la sociedad civil en el contexto de la globalización económica:
Las iniciativas de globalización económica excluyente han venido recibiendo la respuesta de un proceso alternativo de resistencia social. Así, por ejemplo, en los tres países involucrados en el TLC –Canadá, Estados Unidos y México- se han creado redes sociales multisectoriales que a su vez han entrado en contacto con redes similares alrededor del mundo. A pesar de pertenecer a países muy desiguales estas redes coinciden en los intereses sociales que representan e intentan revertir el carácter antidemocrático del proceso. Estas redes sociales buscan poner sobre el tapete la agenda social pues cuestionan los contenidos de los tratados y acuerdos para generar un modelo alternativo de desarrollo.
En Belo Horizonte (Brasil) se concreta un proceso de reconfiguración social que tiene la esperanza de hacer resistencia a la estrategia norteamericana de formalizar la búsqueda de un Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que no haría sino extender el desastroso modelo del TLC a todo el hemisferio. Aquí se dieron cita algunos de los movimientos y organizaciones sociales más destacados del continente las cuales plantearon convergencias hasta el momento inimaginables en el marco del Foro “Nuestra América”, organizado por
Las discusiones llevaron el naciente proceso a establecer propuestas de mayor profundidad democrática y de mayor dimensión social, esto es, la propuesta de un modelo alternativo de desarrollo. Una de las conclusiones de este encuentro fue que la base de cualquier estrategia consistía en dar pasos para transformar la correlación de fuerzas, y esto solo seria posible si se reunían en forma muy amplia y representativa las fuerzas sociales del continente bajo una agenda y un compromiso comunes de objetivos y acciones para levantar un contrapeso social efectivo al avance del “libre comercio” y la integración económica neoliberal. De aquí deviene la construcción de
La tercera Cumbre de las Américas que reunió a los jefes de Estado del hemiferio con la exclusión de Cuba, se dio cita en la ciudad canadiense de Québec, en Abril del 2001. En forma simultánea
· El creciente desempleo, informalidad, precarización de las relaciones laborales, intensificación de los ritmos de trabajo y disminuciones salariales.
· La feminización e infantilización de la pobreza, acompañadas de formas de sobreexplotación como el trabajo forzado y el trabajo infantil.
· La degradación continúa del medio ambiente y de la calidad de vida de nuestros pueblos.
· El aumento de la migración, la xenofobia y el no reconocimiento de los derechos de los trabajadores emigrantes.
· La violación permanente y creciente de los derechos de los pueblos indígenas a la vida, la tierra y a sus valores culturales.
· La concentración de la propiedad rural, el aumento de los conflictos por la propiedad de la tierra, los asesinatos de activistas campesinos y la impunidad de los criminales.
· La violencia urbana, la inseguridad y la exclusión social.
En otras palabras, las movilizaciones de la sociedad civil ponen de manifiesto que el papel de los administradores del Estado en el contexto de la globalización contradice la razón de ser del Estado como función pública y la “cosa común” que vehiculiza los anhelos legítimos de la humanidad. Las movilizaciones en Ciudad Québec el pasado mes de abril así como las luchas que la sociedad civil libró en las calles de Génova (Italia), ponen sobre el tapete la urgencia de articular iniciativas sociales que garanticen las condiciones mínimas de vida digna, hoy en riesgo de perderse totalmente en el remolino de la globalización económica neoliberal.
Urgencia Ética:
Hace varios años desde diferentes sectores se viene defendiendo la consigna de Adela Cortina, según la cual “lo que es necesario es posible y tiene que hacerse real” y esto es definitivo en el campo de la ética, cada vez se hace más urgente la exigencia de completar la ética individual con la ética de la acción colectiva. Por mucho tiempo se afirmo que la ética era individual y que en forma posterior venia la aplicación en la vida social. En especial en un entorno globalizado los ciudadanos pueden actuar con la mejor voluntad y sin embargo esto no alcanza ni siquiera para conseguir un mundo humano.
Por eso la urgencia de complementar la ética de las buenas intenciones individuales con una ética de organizaciones ya que definitivamente nuestras acciones se mueven en el contexto de la acción colectiva, de los proyectos compartidos, de las tareas comunes para que podamos hacer la resistencia a una sociedad que al parecer va declinando en su conjunto y para hacerlo necesitamos una ética del movimiento social, de la iglesia, de los sindicatos, de las ONGs que puedan fortalecer la moralidad de las sociedades desde los distintos espacios en los cuales participan como parte integral de la sociedad civil.
Sin esa revitalización y también trabajo conjunto no podremos construir un mundo más saludable y justo a tono con la exigencia del Reino de Dios que continuamente nos interpela con la pregunta “dónde está tu hermano?”. Porque seguir sus pasos se expresa con mayor fuerza en obras de vida, en solidaridad con el prójimo y en el ambito de la globalización más de 6.000 millones de seres humanos, de nuestro projimo alrededor del mundo que vive en la pobreza radical, nos exigen acciones solidarias en favor de una vida digna para todos.
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